La "berlina media" de BMW - según su nomenclatura - ha crecido en todas sus dimensiones respecto a su predecesor, pero, con el metro en la mano, lo ha hecho menos de lo que aparenta. Quizá la abundancia de chapa hace que el automóvil presente apariencia de robustez, pero le hace parecer voluminoso. El elemento más característico del vehículo, al margen de su controvertida parte trasera, quizá sean los faros que se prolongan hacia las aletas, haciéndole inconfundible en conducción nocturna merced a los 5 LEDs de posición que incorpora.
La parte posterior, como hemos comentado, es quizá la más polémica del diseño del vehículo, aunque su diseño se ha suavizado respecto a su presentación en el Serie 7. El corte de la tapa de maletero sigue chocando a muchos, al igual que la zaga elevada. Sin embargo, esto ha permitido a la marca bávara aumentar notablemente el volumen de maletero, cifrado ahora en 520 litros según norma DIN.
Se aprecia, no obstante, un cierto retroceso de BMW en cuanto al enrase y franquicias en sus carrocerías. Nada que objetar a la integración de elementos críticos como lavafaros o sensores de aparcamiento, verdadera referencia a la hora de no generar ruido o resistencia aerodinámica extra, pero sí en cuanto a los encuentros entre diversas partes móviles, como el capó (cuyo mando de apertura quema) o la tapa de maletero.

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