El 6 cilindros en línea de 3.0 litros de BMW nos ha vuelto a entusiasmar. Es impresionante este motor que, montado en cualquier carrocería de las diversas posibles (Serie 3, Serie 5, Serie 7, X3 y X5 por el momento) muestra siempre un alto refinamiento de uso y unas prestaciones destacadas. No hay vibraciones, apenas suena, empuja con consistencia en todo el rango de revoluciones y se planta en el corte con una facilidad inusitada. Se puede circular en sexta a 1.000 vueltas y pisar el acelerador sin un mal modo o tirón, el tacto es eléctrico. Sus 231 CV están ahí a la hora de medir las prestaciones, y sus 300 Nm de par (con una curva ejemplar) se dejan notar a la hora de recuperar desde bajas vueltas. Excelente.

Con respecto a los consumos, no se pueden esperar milagros. La aerodinámica del modelo no es mala del todo tratándose de un SUV, pero la superficie frontal sí es grande y el peso elevado (se va a casi 2.000 kg. a poco que viajen 2 personas). Si nos lo proponemos podemos llegar a los 18 litros de media. Si el ritmo es constante y sosegado, podemos bajar de los 10 litros. Su depósito de 67 litros oficiales no ofrece una autonomía digna de mención.

El cambio es un punto a revisar en la nueva generación de BMW. Su accionamiento es duro, aunque preciso. El manejo de la palanca no es todo lo agradable que merecería ser dado el magnífico rendimiento que presenta el motor. Los desarrollo están perfectamente elegidos: dinámicamente este X3 se siente superior a un Serie 5 dado que éstos son más cortos, aunque la realidad y el cronómetro dicten lo contrario. El SUV parece más vivaz, con mayor nervio que la berlina. Las relaciones más cerradas que culminan con una sexta de 38 km/h cada 1.000 vueltas tienen mucho que ver en esto. |