En
1992 entró en el mercado un automóvil que
marcaría una nueva tendencia dentro del todo terreno.
El nuevo Jeep Grand Cherokee era lo que hoy se conoce como
S.U.V (Sport Utiliy Vehicle), para entendernos mejor un
todo terreno “light”, un coche que mayoritariamente
iría por asfalto, pero que en un momento dado pudiese
entrar en alguna zona complicada en el campo.
Jeep
se propuso crear un vehículo habitable, confortable,
con buenas prestaciones por carretera, lujoso y apto para
el campo. Todas las características excepto la del
campo ya se encontraban en berlinas de alta gama. En aquella
época solo existían los todo terrenos como
vehículo de trabajo (aunque con el Range Rover las
cosas ya cambiaron), no fue hasta la llegada del Grand Cherokee
cuando se abrió un nuevo mercado. Un mercado, que
hoy en día, como ustedes saben, está repleto
de modelos.

El
Grand Cherokee salió al mercado inicialmente con
dos motorizaciones de gasolina, que más adelante
y porque el mercado europeo lo exigía, apareció
en escena un turbodiesel. Tenía dos niveles de acabado,
el Laredo y el Limited, el primero era el básico,
y el Limited traía: llantas de aleación de
diseño especial, parachoques, faldones y parrilla
pintados del mismo color que la carrocería, asientos
de cuero, inserciones de madera en el salpicadero y las
puertas, climatizador, control de velocidad, equipo de música
especial, y una cónsola ubicada en el techo que tiene
un pequeño ordenador y dos huecos, uno para el mando
de la puerta del parking y el otro para las gafas.
Inicialmente
venía de serie con cambio automático, pero
poco tiempo después se incremento la oferta con el
cambio manual de cinco marchas como opción. Sus raíces
americanas no las puede esconder. Puede parecer extraño,
pero el 98% de los coches de EEUU son automáticos,
por eso el Jeep Grand Cherokee que inicialmente tenía
su mercado en EEUU, iba de serie con el cambio automático
de 4 relaciones. Pero como el vehículo tuvo mucha
demanda en Europa (poco probable que un coche americano
se venda como churros en el viejo continente), se le puso
un cambio manual como opción, aunque la mayoría
se vendieron con automático, ya que fue el principio
del “boom” de los coches automáticos
en Europa.
Nuestro
Jeep de prueba fue el 4 litros gasolina, con cambio automático,
y el acabado Limited.
Solo sentarnos en el asiento del conductor ya apreciamos
que estamos en un coche donde lo primordial es la comodidad.
Sus enormes asientos tapizados en cuero son auténticos
sofás. Anchos y cómodos, a más de algún
usuario le asaltaría la duda de si es más
confortable el sofá del comedor o el asiento de su
Jeep, ya que sus múltiples regulaciones eléctricas
ayudan a encontrar con enorme facilidad la mejor posición.
Una
mirada alrededor del habitáculo sirve para apreciar
la buena calidad general de todos los materiales. Sobretodo
se les ve duraderos y con un tacto esponjoso de los plásticos
lo cual agradecemos cuando nos damos algún golpe
entrando o saliendo del coche. Volante de cuero con airbag
y botones para regular la velocidad automáticamente,
climatizador, radio-cassette que suena a la perfección,
numerosos huecos para dejar objetos, en general un surtido
de elementos que ahora nos parecen normales pero que en
1992 eran difíciles de encontrar en la mayoría
de automóviles. La única nota negativa del
habitáculo es su guantera, si bien tenemos muchos
huecos donde dejar las cosas, se hecha en falta una más
grande. Las plazas traseras son otra maravilla de la comodidad,
emulando a las delanteras, son perfectas para ir tranquilamente
de pasajero observando el paisaje.
El maletero también es digno de mención, ancho,
largo y sobretodo alto (podemos apilar muchos paquetes),
lástima de la rueda de repuesto ubicada en el lado
izquierdo del maletero en posición vertical y bien
tapada con una funda de cuero, la cual resta espacio. Y
pequeña no es la rueda, ya que el Grand Cherokee
monta de serie unos enormes Goodyear de 225 de ancho con
llantas de 17 pulgadas. Unas llantas de aleación
pintadas en color oro, las cuales favorecen mucho a la estética
del coche. En
general la estética es bastante bonita, denota fuerza
y potencia pero con estilo.
En
el apartado mecánico nos encontramos con un motor
de 4 litros de cilindrada y más de 180 cv de potencia.
Es un 6 cilindros en línea especialmente suave y
elástico, ayudado por una caja de cambios automática
de cuatro relaciones que para un uso deportivo es nefasta,
pero que para ciudad y una conducción tranquila es
muy buena. También tiene reductora, muy eficaz para
hacer caminos o zonas especialmente complicadas con fuertes
pendientes y desniveles.
Arrancamos
el motor y un murmullo típico de motor americano
(sonido grave) nos invade en el habitáculo. Una vez
estabilizado el ralentí, después de dos o
tres segundos el motor casi no se deja oír. Apretamos
el freno y ponemos la palanca de cambios en posición
(D), dejamos freno y el coche empieza a moverse con mucha
suavidad. Una vez en plena calle nos disponemos a “callejear”
por la ciudad. Nos puede parecer que no es un coche apto
para la ciudad, sus 4.6 metros asustan en un primer momento
pero enseguida nos acostumbramos a sus medidas, ayudados
por la altura que nos deja ver bastante mejor lo que sucede
a nuestro alrededor. Tiene una dirección que es una
delicia por ciudad, muy asistida y suave, ayuda a maniobrar
con mucha facilidad, no parece que movamos casi dos toneladas
de peso. Tiene un “reprise” bastante bueno,
lo que nos ayuda a adelantar con facilidad a los coches
por zonas urbanas. Pero eso sólo ocurre a baja velocidad,
ya que sus recuperaciones en adelantamientos por carretera
se ven penalizadas por el cambio automático y un
motor potente pero poco voluntarioso. Si pisamos a fondo
cuando el coche va a medio régimen el cambio detecta
que queremos potencia inmediata y reduce una marcha para
entregar la máxima fuerza. Cuando viajamos sin equipaje,
el Grand Cherokee es bastante ágil, pero si vamos
muy cargados tendremos que anticipar los adelantamientos,
pero poco a poco el coche va cogiendo velocidad y es capaz
de mantener medias bastante buenas.

En
carretera se muestra muy estable pero evidentemente tenemos
unos límites más bajos que una berlina convencional.
Su centro de gravedad es alto, su elevado peso, unas suspensiones
con mucho recorrido y muy blandas, hacen un cóctel
peligroso a la hora de tomar las curvas. Balancea mucho
lo cual nos hace bajar el ritmo, pero el coche mantiene
la compostura y podemos permitirnos pasar por las curvas
a una velocidad bastante elevada con seguridad. Mejor no
probar sus límites de adherencia ya que el vuelco
estaría muy presente, con lo cual cuando empieza
a subvirar mejor levantar el pie. Los neumáticos,
estudiados para ofrecer un uso mixto entre carretera y campo
son muy eficaces. Ayudado por la tracción a las cuatro
ruedas, el Jeep no pierde motricidad.
A
la hora de frenar, tenemos que tener en cuenta que llevamos
un coche muy pesado, aunque sus 4 discos y con sistema ABS
cumplen perfectamente en un uso tranquilo, cuando les exigimos
mucho, el pedal empieza hacerse esponjoso y no frena con
tanta contundencia (fadding), con lo cual las distancias
de frenada se alargan bastante. Recomendamos usar la selección
de marchas manuales (primera, segunda y tercera) que disponemos
con el cambio automático cuando bajamos un puerto
de montaña, seleccionamos una marcha y el motor no
pasa de ésta, con lo cual nos ayuda a frenar la propia
retención del motor.

En
las autopistas o las autovías es donde se encuentra
más cómodo el Jeep Grand Cherokee, su reserva
de potencia, la comodidad y la tranquilidad del cambio automático
nos permite relajarnos mientras hacemos kilómetros.
Llega a 180 Km/h, una velocidad más que suficiente
para este tipo de autos, ya que sus blandas suspensiones
están concebidas para filtrar todas las irregularidades
de la carretera y no para correr. Pero es muy estable y
dócil lo que nos permite viajar con mucha tranquilidad.
El
problema más grande que tiene este coche es el consumo.
Es espeluznante como se “traga” la gasolina,
con un deposito enorme de 80 litros de capacidad su autonomía
difícilmente llega a los 500 Km, es decir, las medias
de consumo son muy elevadas, entre 15 y 20 litros a los
100 Km en una conducción normal, y en conducción
rápida pasa holgadamente de los 20 litros. Se nota
que es un coche “Made in USA”.
En
definitiva, en 1992 teníamos un todo terreno a la
venta que sin lugar a dudas era la mejor elección,
sus competidores quedaban un poco por debajo: el Ford Explorer
no llegaba a la calidad del Jeep, aunque su precio era más
bajo. A la par teníamos el Mitsubishi Montero, un
coche muy eficaz por el campo pero no tanto por carretera.
Y finalmente el más caro, el Range Rover, superior
en casi todo, pero su precio era excesivamente alto.
Eduard Aznárez