Un biplaza radical. 655 CV con tecnología de competición.
Un F1 para rodar por la calle.

Christian von Koenigsegg empezó a trabajar con este
proyecto en 1994. No fue hasta el Salón de Paris
de 2000 cuando se presentó en sociedad tan maravillosa
máquina. Ya en el Salón de Ginebra de 2002
se entregó la primera unidad, la cual se diferenciaba
bien poco de la presentada dos años antes.
Es un biplaza pequeño, mide 4.190 mm de largo, bastante
ancho con 1.990 mm y muy bajo, tan solo 1.070 mm.
El
motor es una joya, colocado en posición central,
es un V8 de 4,7 litros de cilindrada, con un compresor e
intercooler que entrega 655 CV a 6.800 rpm y un par máximo
de 750 Nm a 5.000 rpm. Una barbaridad de cifras. El peso
de éste es de tan solo 240 kg. La forma de conseguirlo
es con materiales de alta calidad, como fibra de carbono,
titanio y una aleación de aluminio utilizada en aviación.
Con esto se pueden hacer una idea del tipo de coche que
es. No hay límites para él.
Como la lubricación es por cárter seco, se
puede colocar el motor más bajo y mejorar el centro
de gravedad, que juntamente con una aerodinámica
y un reparto de pesos perfectamente estudiados, la resistencia
al aire (Cx de 0,30) y el paso por curva del Koenigsegg
le convierten en un auténtico bólido de carreras.

La tracción es a las ruedas traseras, a través
de una caja de seis marchas con mando secuencial. Los frenos
son enormes, de 330 mm y pinzas de seis pistones delante
y 315 mm y 4 pistones detrás. Los neumáticos
“pegajosos” tienen unas medidas no precisamente
pequeñas, con 245/40 delante y 315/40 detrás,
montados en unas llantas preciosas de magnesio de 18 pulgadas.
Los amortiguadores se han confiado a la carismática
Öhlins y son regulables.
Llegamos a la otra maravilla del Koenigsegg, el chasis,
que juntamente con la carrocería están fabricados
con fibra de carbono. La rigidez torsional evidentemente
es altísima, con 28.100 Nm/grado. El subchasis delantero
es de acero. El techo también es de fibra de carbono
y se puede extraer, como un targa. En este caso, la capota
la guardamos en el frontal, en un pequeño espacio
debajo del capó.

El interior es muy refinado, con detalles de piel, aluminio
y fibra de carbono. Tanto asiento, como volante y pedales
son ajustables. El equipamiento es muy completo (con el
precio que tiene ya lo puede ser), con ABS, control de tracción,
airbag frontal, faros de xenón, cierre centralizado,
alarma con inmovilizador, elevalunas eléctricos,
navegador, cargador de discos compactos y dirección
asistida. En opción quedan los cinturones de seguridad
de seis puntos de anclaje y estructuras de Kevlar para absorber
energía en posibles impactos.
Con todo esto, las prestaciones son de autentico escándalo,
más dignas de un coche de ficción que de realidad.
La aceleración de 0 a 100 km/h es de tan solo 3,2
segundos y la velocidad máxima de 390 km/h. Es capaz
de soportar fuerzas laterales en aceleraciones al máximo
de 1,15 g y frena desde 100 hasta 0 km/h en 42 metros.

Con el precio y las prestaciones de semejante “monstruo”,
la marca ofrece un curso gratuito de conducción del
Koenigsegg, totalmente necesario si uno quiere sacar la
quinta esencia del coche. El comprador también puede
elegir los reglajes de la suspensión, tanto en altura
como en dureza, la aerodinámica, el tipo de frenos
y el reparto de frenada, siempre ayudado y recomendado por
un especialista.
Sin duda, estamos ante una auténtica obra de arte,
con un valor superior a los 300.000 €. Si es caro o
no, júzguenlo ustedes mismos. Siempre habrá
gente para quien llevar un coche tan sensacional como éste
y saber que lo más seguro es que no se cruce en su
vida con otro igual, añadido al incalculable valor
que puede tener de aquí a unas décadas…hasta
puede ser una rentable inversión a largo plazo.