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Agosto 2003

Koenigsegg CC


Un biplaza radical. 655 CV con tecnología de competición. Un F1 para rodar por la calle.


Christian von Koenigsegg empezó a trabajar con este proyecto en 1994. No fue hasta el Salón de Paris de 2000 cuando se presentó en sociedad tan maravillosa máquina. Ya en el Salón de Ginebra de 2002 se entregó la primera unidad, la cual se diferenciaba bien poco de la presentada dos años antes.
Es un biplaza pequeño, mide 4.190 mm de largo, bastante ancho con 1.990 mm y muy bajo, tan solo 1.070 mm.

El motor es una joya, colocado en posición central, es un V8 de 4,7 litros de cilindrada, con un compresor e intercooler que entrega 655 CV a 6.800 rpm y un par máximo de 750 Nm a 5.000 rpm. Una barbaridad de cifras. El peso de éste es de tan solo 240 kg. La forma de conseguirlo es con materiales de alta calidad, como fibra de carbono, titanio y una aleación de aluminio utilizada en aviación. Con esto se pueden hacer una idea del tipo de coche que es. No hay límites para él.
Como la lubricación es por cárter seco, se puede colocar el motor más bajo y mejorar el centro de gravedad, que juntamente con una aerodinámica y un reparto de pesos perfectamente estudiados, la resistencia al aire (Cx de 0,30) y el paso por curva del Koenigsegg le convierten en un auténtico bólido de carreras.


La tracción es a las ruedas traseras, a través de una caja de seis marchas con mando secuencial. Los frenos son enormes, de 330 mm y pinzas de seis pistones delante y 315 mm y 4 pistones detrás. Los neumáticos “pegajosos” tienen unas medidas no precisamente pequeñas, con 245/40 delante y 315/40 detrás, montados en unas llantas preciosas de magnesio de 18 pulgadas. Los amortiguadores se han confiado a la carismática Öhlins y son regulables.
Llegamos a la otra maravilla del Koenigsegg, el chasis, que juntamente con la carrocería están fabricados con fibra de carbono. La rigidez torsional evidentemente es altísima, con 28.100 Nm/grado. El subchasis delantero es de acero. El techo también es de fibra de carbono y se puede extraer, como un targa. En este caso, la capota la guardamos en el frontal, en un pequeño espacio debajo del capó.


El interior es muy refinado, con detalles de piel, aluminio y fibra de carbono. Tanto asiento, como volante y pedales son ajustables. El equipamiento es muy completo (con el precio que tiene ya lo puede ser), con ABS, control de tracción, airbag frontal, faros de xenón, cierre centralizado, alarma con inmovilizador, elevalunas eléctricos, navegador, cargador de discos compactos y dirección asistida. En opción quedan los cinturones de seguridad de seis puntos de anclaje y estructuras de Kevlar para absorber energía en posibles impactos.
Con todo esto, las prestaciones son de autentico escándalo, más dignas de un coche de ficción que de realidad. La aceleración de 0 a 100 km/h es de tan solo 3,2 segundos y la velocidad máxima de 390 km/h. Es capaz de soportar fuerzas laterales en aceleraciones al máximo de 1,15 g y frena desde 100 hasta 0 km/h en 42 metros.


Con el precio y las prestaciones de semejante “monstruo”, la marca ofrece un curso gratuito de conducción del Koenigsegg, totalmente necesario si uno quiere sacar la quinta esencia del coche. El comprador también puede elegir los reglajes de la suspensión, tanto en altura como en dureza, la aerodinámica, el tipo de frenos y el reparto de frenada, siempre ayudado y recomendado por un especialista.
Sin duda, estamos ante una auténtica obra de arte, con un valor superior a los 300.000 €. Si es caro o no, júzguenlo ustedes mismos. Siempre habrá gente para quien llevar un coche tan sensacional como éste y saber que lo más seguro es que no se cruce en su vida con otro igual, añadido al incalculable valor que puede tener de aquí a unas décadas…hasta puede ser una rentable inversión a largo plazo.

 

Eduard Aznárez


 
 
 
 
 

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