Posiblemente
el mejor Porsche de la historia.

Que el 959 sea un automóvil relativamente desconocido
en nuestros días, no significa que no fuese un excelente
“supercar”, sino que su conservadora silueta
fue eclipsada por la agresiva y exótica estética
del Ferrari F40, su eterno rival. En su momento, mediados
de los años ochenta, Porsche fue alabada por todos,
después de presentar un automóvil capacitado
para llegar a los 319 Km/h, con tracción a las cuatro
ruedas y un compendio de tecnología que hacía
del 959 un auto extremadamente ágil y fácil
de conducir, teniendo en cuenta que rendía 450 CV,
una brutalidad para la época. Pero, apareció
en escena un animal feroz, un carnívoro llamado Ferrari
F40, su línea espectacular, su motor vigoroso y una
conducción no apta para cardíacos, encandiló
a todo el planeta; acababa de nacer un mito del automovilismo.
A consecuencia de esto, el 959 se quedó sin la repercusión
mediática merecida.

Fue presentado en el Salón del Automóvil de
Francfort en 1983, concebido inicialmente como un estudio
de diseño para la entrada en el Grupo B de rallyes.
Pero esta categoría fue abolida en pocos años
debido a los fatídicos accidentes mortales, ya que
los coches presentes eran muy rápidos y difíciles
de conducir. Esta decisión cayó como un jarro
de agua fría en Porsche, pero ni cortos ni perezosos
se pusieron manos a la obra y crearon un 959 muy polivalente,
capaz tanto de correr un Paris-Dakar y ganarlo, como de
tutearse con los líderes de las 24 horas de Le Mans,
quedando en una meritoria séptima posición.
Gracias a estas experiencias, Porsche aprovechó la
oportunidad para demostrar la versatilidad de sus nuevos
adelantos tecnológicos. Pero no todo fueron facilidades,
el desarrollo del 959 fue muy complicado y costoso, retrasando
su producción en serie unos años, hasta 1989.
De hecho, muchos clientes tuvieron que esperar plazos de
entrega de cuatro o cinco años. Sólo se fabricaron
200 unidades, a un precio no precisamente bajo, algo más
de 250.000 dólares de la época.

Su estética, derivada del 911, es el resultado de
una estudiada y cuidada aerodinámica, después
de pasar intensas pruebas en el túnel de viento,
consiguiendo un Cx de 0,31. El 959 se puede comparar con
una mujer rica, guapa, con mucho estilo y elegancia, pero
que le gusta pasar desapercibida. La carrocería es
una combinación de plásticos deformables de
tipo PUR-RIMM y de fibra de vidrio reforzada con kevlar,
exceptuando las puertas y el capó del motor que son
de aluminio. Todo el proceso de montaje se realizó
con métodos de la industria aeronáutica.
Se desarrolló un sistema de tracción a las
cuatro ruedas específicamente para él. Las
ruedas traseras son impulsadas directamente por la transmisión
manual de seis velocidades mediante un diferencial convencional,
pero incorpora un árbol de salida hacia el diferencial
delantero, controlado por el control de tracción
Porsche (PSK). Es un acoplamiento viscoso con siete láminas
de acero bañadas en aceite. Lleva una serie de sensores
que miden el deslizamiento y la velocidad de cada rueda,
así como las revoluciones del motor y los grados
de giro de la dirección, de esta forma se consigue
saber cuáles son las condiciones de tracción
y la que el conductor quiere obtener, distribuyendo de forma
eficaz la potencia entre los ejes. En condiciones normales
se obtiene una distribución de 40-60 entre el eje
delantero y trasero respectivamente, cambiando hasta un
20-80 en situaciones de mucha aceleración. De todas
formas, se puede seleccionar a través de un interruptor
situado en el salpicadero cuatro tipos de configuración:
seco, mojado, nieve y fijo.

El motor es una evolución del boxer de seis cilindros
con refrigeración mixta aire/agua. Tiene una cilindrada
de 2,850 litros y esta situado como los 911, por detrás
del eje trasero. Está realizado en aluminio y tiene
cuatro válvulas por cilindro, con válvulas
de escape rellenas de sodio, bielas de titanio y la lubricación
es por cárter seco. El sistema de alimentación
se realizó con dos turbocompresores KKK de doble
etapa, doble intercooler aire-aire, inyección y admisión
programadas por Bosch Motronic con refrigeración
líquida. Su potencia máxima es de 450 CV a
6.500 rpm y el par máximo es de 51 Kgm•mt a
5.500 rpm.

Pero donde realmente los ingenieros de Porsche habían
volcado todas sus fuerzas era en el sistema de suspensión,
con estructura de triángulos superpuestos y muelles
helicoidales que derivaba directamente de la competición.
Tiene doble amortiguador por rueda y un sistema automático
de nivelación, pudiendo regular manualmente desde
la consola una altura libre al suelo entre 12 y 18 cm. Aunque,
a medida que se superan ciertas velocidades, la suspensión
desciende a niveles más bajos para ganar estabilidad
y mejorar el coeficiente de penetración del aire.

El sistema de frenos, como todo Porsche, es una delicia,
incorporando unos enormes discos ventilados de 320 mm delante
y 305 mm detrás, provistos de potentes pinzas de
4 pistones. Para mayor seguridad, lleva un sistema servoasistido
de antibloqueo de frenos, diseñado por Wabco-Westinghouse.
También incorpora un sistema de control de presión
de los neumáticos. Estos tienen unas medidas de 235/45
VR-17 delante y 255/40 VR-17 detrás y están
montados en unas llantas de magnesio.
Se realizaron dos versiones: Comfort y Sport. Se diferencian
en que la Sport lleva ventanillas y asientos sin regulación
eléctrica, no incorpora aire acondicionado, hay menos
amortiguación del ruido reduciendo capas de material
aislante y tampoco lleva la regulación de la suspensión,
reduciendo 59 Kg respecto a la versión Comfort. Podía
montar barras de seguridad. La venta se restringió
a propietarios de otros Porsche. El interior es muy similar
al del 911 Turbo de la época, siendo muy cómodo
para tratarse de un deportivo de altos vuelos.

Las prestaciones son abrumadoras. La versión Comfort
acelera de 0 a 100 Km/h en 4 segundos y llega a los 317
km/h. La Sport rebaja el 0 a 100 km/h a unos espectaculares
3,6 segundos y obtiene una velocidad máxima de 319
km/h. Pero lo más importante de todo es que, el 959
tiene un equilibrio perfecto entre potencia y estabilidad,
así como una de las conducciones más concentradas
y gratificantes nunca conseguidas por el hombre.