Es
28 de septiembre, 2 de la tarde, en el Circuit de Catalunya,
con un tiempo soleado y con la pista algo húmeda
en algunos sectores.

Se enciende la luz verde del pit line y empieza la media
hora de tanda. Aceleramos a fondo, primera, segunda, tercera…
nuestro cuerpo se pega al asiento, estamos un poco nerviosos,
trazamos la primera curva con cautela pero enseguida vemos
que se puede rodar mucho más rápido.


Tras
la primera vuelta, la emoción de estar pilotando
en un lugar tan emblemático para los aficionados
del mundo del motor, da paso a la adrenalina que se descarga
en cada derrapada. Poco a poco se va cogiendo confianza,
se van mejorando las trazadas en cada curva y vuelta tras
vuelta vas sintiendo que se pueden arañar décimas
de segundo al crono.


Pero
tras un par de vueltas, ves que tu coche se queda pequeño
en este circuito donde corren los mejores coches del mundo;
al salir de las curvas y apretar gas a fondo, ves que te
falta mucha potencia, te das cuenta que tus 170cv están
a años luz de los 950cv de un F1. Pero sabes que
lo importante es disfrutar del momento, una experiencia
que te queda grabada en tu memoria.



Siguientes